La Rutina, el Tiempo y las Redes Sociales.

¿Cómo va el inicio del año? Bueno, mejor… ¿lo habéis iniciado del todo? Porque en estas fechas suele pasar que nos convertimos en auténticos “Reyes de la Procrastinación”: “es que hasta después de Reyes en realidad…”, “no, no, es que esta semana es de rodaje, la que viene ya es la buena…”. 

La verdad es que cuesta volver a la rutina, pero hay que hacerlo, y si los Reyes Magos han traído una agenda, será para que cumplas las cosas que escribes en ella, ¿vale, Marta? ¡Ojo! ¿Que las estoy cumpliendo? Sí. ¿Que me está costando? También. Un h**vo, concretamente.

Siempre cuesta arrancar después de los parones, ya sea verano, Navidad… Aunque, a decir verdad, este parón ha sido más bien “una paradita”, no llega a una semana… Pero, no sé muy bien por qué, a mi personalmente me cuesta más la vuelta de ahora, que la de verano.

Puede ser por varios motivos, pero creo que puedo resumirlo en que la Navidad me provoca una cierta angustia vital a posteriori (claro, mientras dura todo son lucecitas, amor y color…).

La Distancia… Y El Tiempo.

Por un lado, los reencuentros con la familia y lxs amigxs hacen que me haga preguntas un poco crueles, del tipo: ¿cuántas veces les veo al año?”, con su respuesta, más cruel todavía: “demasiado… pocas”. Toda la culpa la tiene el anuncio de Ruavieja…

Ya lo comentaba anteriormente, por muy felices que podamos ser viviendo fuera de nuestra ciudad, el hecho de estar lejos de nuestra gente no deja de provocar una cierta inquietud. Como intensita que soy, no puedo evitar pensar que la vida es tiempo, que el tiempo pasa y que pasa muy rápido… cada vez más.

Creo que puede ser porque la Navidad es pura tradición: sus cenas, sus comidas, su decoración… En otras palabras, es todos los años lo mismo. O, al menos, así lo deseo yo, porque eso es lo que la hace bonita y esperada. Pero justo eso es lo que provoca que echemos la vista atrás, recordando cómo fue en años anteriores (¿quién estaba? ¿quién no?). E, inevitablemente, también hacia delante… y ahí es donde temblamos y nos ponemos intensos con el paso del tiempo. Y es que, en definitiva, lo importante es que seamos siempre más.

Algunos podrán decir, “pues disfruta el momento y no esperes a la Navidad”. Lo hago, por supuesto que lo hago, y disfruto muchísimo de toda la libertad que me da el vivir fuera, sin depender de nada, ni de nadie. Pero, a la vez, soy consciente de que lo hago sin ellxs, sin tener a mi gente cerca. Y a veces cuesta. Sobre todo cuando toca resetear tras la vuelta.

La Imperfección de las Redes Sociales…

Por otro lado, si sois habituales de ellas, os habréis dado cuenta de que en estos primeros días del año nos encontramos rodeados de una especie desupermotivación” en las Redes Sociales, que puede llegar a provocarnos el efecto contrario: en lugar de motivar, saturar.

No hace falta que nadie me diga que las Redes Sociales no son más que un escaparate. Vamos, puro postureo. Pero tampoco me negaréis que son un escaparate muy entretenido y, en ocasiones, hasta inspirador.

Como en todo, depende de lo que queramos ver. Viene bien seguir a personas que se fijan metas y objetivos y ver cómo hacen para cumplirlos, ya que puede que eso nos sirva a nosotros para “picarnos” y ponernos las pilas. De toda la vida ha sido muy humano eso de compararse y motivarse a base de “pues si él/ella lo hace, yo también”. Oye, pues si te funciona, ¡bienvenido sea! ¿Qué más da que la energía o las ganas te las ha dado un/a blogger/o?

Lo que ocurre es que la dosis de motivación/postureo que suele repartirse en las Redes Sociales a lo largo del año, se multiplica por mil a primeros de enero: fotos geniales en gimnasios, agendas a rebosar de proyectos chulísimos, madrugones indecentes, dietas insípidas acompañadas de sonrisas… y podría seguir y seguir, pero con eso ya tenéis para haceros una idea de lo que hablo, ¿a que sí?

Y, claro, ahí estás tú, después de ver todo eso, con tu lista de Buenos Propósitos de Año Nuevo delante, haciendo ecuaciones para averiguar cómo le da a la gente el día tanto de sí… Flipando.

Que sí, que en todo momento tenemos presente que las Redes Sociales son mentira al 85%, pero te da que pensar. Al menos a mi sí que me da (mi problema con la intensidad, ya sabéis…).

Los días de 32 horas…

Da que pensar cuando tienes proyectos o ideas que no sabes muy bien dónde encajar o cómo hacerlos sin descuidar otras cosas. Porque sí, está muy bien eso de que “si quieres, puedes”, pero el día y las semanas dan para lo que dan.

A mi puede encantarme escribir que, de hecho, me encanta. Pero, si quiero hacerlo bien, tengo que echarle tiempo. Tiempo en continuidad a poder ser, sin parones. Y eso no es fácil. Supongo que le pasará a todo el mundo, cada cual en su campo.

Ahora también me podéis decir “pues el que quiere, puede”. Seguro que sí y habrá quién lo consiga, por supuesto. Pero es que resulta que también soy muy exquisita para mis cosas, por decirlo de alguna manera. Quiero decir, mi vida no puede reducirse a trabajar y escribir. No debe (por mucho que me guste escribir).

Y no debe, porque también quiero pasar tiempo de calidad con mi pareja (aunque sea para estar en el sofá), con mis amigxs, para hacer deporte y, por supuesto, para mí misma (porque lo de dormir y descansar lo vamos a obviar, ¿no?). Y lo más importante de todo, no quiero que ninguna de esas cosas se convierta en una obligación, porque perderían todo su sentido.

Claro, cuando estas metida en este bucle y, por desconectar o por despejarte, abres el Instagram (por poner un ejemplo) y ves a la gente disfrutando de sus días de 32 horazas… pues da coraje, oiga. Por muy falso que sea todo.

Lo sé, lo tengo en mi mano: “¡Quítate el Instagram, que te estás acarajotando!”Podría… ¡pero no!

No, por dos motivos. Primero, porque considero que es una red social “buenrollera, donde se suele hablar en positivo, que últimamente andamos un poco faltitos de eso. Y, segundo, porque soy de ese grupito (¿sin personalidad?) que se motiva viendo ciertas publicaciones (siendo selectiva, eso sí). Sólo que ahora mismo, lejos de motivar, provocan un cierto cargo de conciencia… ¡Ya se pasará (o ya se me pasará)!

¡Cuestión de Ritmo!

Que no os engañen estas sensaciones mías: he dicho que cuesta, pero también que lo estoy haciendo (¡porque una cosa no quita la otra!). Y poco a poco seguirá entrando la rutina y le encontraremos hueco a todos esos proyectos porque, aunque yo no sea Bloggera Instagramera, ya investigaré eso de lograr que los días tengan 32 horas…

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7 de enero… de vuelta.

Ya en el tren. Ya de vuelta. Y me da la sensación de que el post de “2PLEGA2” lo escribí ayer mismo… Pero no, lo escribí en este mismo tren, pero haciendo el camino inverso.

Da igual los años que lleve viviendo fuera de Cádiz, que siempre me da pena irme. La distancia tampoco es importante, porque recuerdo que cuando vivía en Sevilla y llegaba este día me daba la misma pena que ahora (claro que ahí también influía el hecho de que el fin de las Navidades coincidía con la época de estudiar hasta que los ojos sangraban… ¡como para no tener lástima de una misma!).

Han sido unas Navidades demasiado bonitas, 
porque ha sido un año demasiado bonito.

Y creo que el hecho de no haber sido capaz de escribir apenas es un buen indicador. No es que no haya tenido ganas (que casi siempre), o no haya habido temas (que incluso los tenía pensados y programados).  Es que, simplemente, no ha habido tiempo que perder.

Ha sido el momento de la familia, de los amigos, de las escapadas, de las comidas y los dulces, de los regalos, de los resfriados, de Cádiz… y de pensar y de tomar conciencia de cada momento.

De la Familia.

Qué leches, F A M I L I A. Con dos protagonistas: la veterana y la benjamina.

La veterana, #MiPersonaFavorita, siempre lo es (muy a su pesar, estoy segura). Pero es así, es inspiración pura, ya os lo conté hace unos días…

La benjamina es la que nos ha llenado la casa de todo lo bueno que hay en el mundo y que, muy torpemente, no somos capaces de ver si ella, con sus dos añitos y medio, no nos lo enseña.

Esa coleta despeinada, esa risa de traviesa, esas palabras chapurreaditas y esas carreras por el pasillo nos han devuelto las ganas de Navidad.

Y, aunque haya habido protagonistas claras, no puedo decir que haya habido secundarios… Eso sí, ha habido un giro en los roles habituales: De repente, los padres se han convertido en “SuperAbuelos” y el hermano se ha convertido en “SuperPapá. ¡Las cosas de la vida!

De lxs Amigxs.

Es verdad que cada vez cuesta más cuadrar una quedada cuando casi todos vivimos fuera, tenemos pocos días y mucha gente a la que ver… pero hay citas que son obligadas. ¡Y son casi terapéuticas!

Una de las mayores suertes es contar con amigxs que te entienden sin que les expliques prácticamente nada… y yo la tengo.

Ya sean del Cole, de la Universidad, de El Puerto, de las oposiciones… Me quedo con todxs.

De las Escapadas.

Porque Fin de Año perdió mucho sentido desde que #MiPersonaFavorita perdió el suyo propio… Así que podríamos decir que el 31 de diciembre sólo sirve para hacer balance y para que mi Papá cumpla años.

Ya tocaron Irlanda, Valencia… Este año ahorramos en kilómetros y nos quedamos por Cádiz, en Jimena concretamente. Una casa rural con chimenea, un buen frigorífico, un bar con una terraza al sol, unos jerséis navideños y amigxs. No nos ha hecho falta más para entrar en el 2019.  

De las Comidas y los Dulces.

Sí, había que hacerle un apartado, porque tengo la sensación de que un 75% de las Navidades nos las hemos pasado comiendo… ¡Es lo que tiene tener en la familia a la mejor confitería de toda la provincia! Vamos, que cuando pise mañana el gimnasio voy a sudar almíbar… Pero que nos quiten lo bailao. Lo hemos disfrutado y eso es lo que cuenta, ahora volveremos a la rutina con más ganas… (¡o no!).

De los Regalos.

Es inevitable, las Navidades son regalos. Pero este año es que la Navidad ha sido un regalo en sí misma. El 2018 entero ha sido un regalo. No hay más.

De los Resfriados.

Porque si las Navidades tenían algún día de vacaciones, podíamos estar seguros de que yo me iba a poner mala: eso es así SIEMPRE. Esta vez no iba a ser menos, llevo todo el 2019 moqueando y tosiendo como si hubiese entrado en el año fumándome 12 Ducados.

Pero no os preocupéis, debo estar a punto de curarme, porque mañana vuelvo al trabajo y, como digo, a mi cuerpo le gusta ponerse malo sólo cuando está de vacaciones y/o los fines de semana…

De Cádiz.

El que lo conoce, lo entiende. Pasear, respirar, mirar el mar, sentir el sol, la forma de contar las cosas, de tomarse la vida… ¡Cómo no va a ser difícil irse de allí!

De pensar y tomar conciencia de cada momento.

Quería que así fuese y así ha sido, aunque sinceramente creo que podría haberlo hecho mejor.

Igualmente, aunque soy fiel defensora de que los años empiezan en septiembre, es inevitable echar la vista atrás cuando se va acercando Fin de Año para hacer balance, pensar los nuevos propósitos… Pero eso da para un nuevo post, por dos razones: 1) Porque el año ha sido demasiado bonito como para pasar de puntillas, y 2) porque este año los propósitos los quiero cumplir, así que los estoy ideando a conciencia.

Paquetitos sospechosos en el tren…

Pero no os creáis que la Navidad ha terminado del todo, porque tengo la leve sospecha de que los Reyes Magos van en este mismo tren, a la altura de Zaragoza en este momento, y que van derechitos a nuestra casa de Barcelona…

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Ella es mi naVIDAd – Blogmas 4

Vuelvo con pelos de loca, porque sé que te siguen encantando mis rizos, toquetearlos y despeinarme. Porque, aunque ya no me lo digas, sé que en tu cabeza ha sonado un “que pelo tan bonito tienes, qué rizos… No te vayas a hacer nada, así, así, despeinada (insertar toqueteo)”

Vuelvo con las gafas llenas de churretes, porque cuando te da por dar cariñitos, hay que aprovechar, y que se manche lo que haga falta.

Vuelvo con la cara medio desmaquillada y pringosilla, porque el momento en el que te ha apetecido darme mi más que esperado besito, justo te estaba dando un flan con bien de caramelo.

También me he traído unos cuantos apretones de manos y muchas caricias en la cara. Y una medio sonrisilla tontorrona también.

Me he aprendido el color de tus ojos, que he de decir que no es el que era, pero que sigue siendo igual de profundo. Y, además, como ahora no me hablas, creo que te escucho la mirarte. O, al menos, eso quiero pensar (bueno, en realidad no siempre…).

Y también me he aprendido las arruguillas de tus manos, que siguen moviéndose con la misma elegancia que siempre, con esa alianza dorada que tantas cosas significan.

Puestos a aprender, he aprendido que se puede disfrutar sin hacer nada. Pasando del móvil, de la tele, de la gente… y sin hablar. Se puede disfrutar mirándote porque, desde siempre, tus ojos han dicho más de lo que tú misma querías contar.

Porque lo único que ella hace es mirar…
…y mira mejor y con mucha más verdad que cualquiera.

Bueno, también dobla con una delicadeza infinita todo lo que se encuentra por delante. Bueno, bueno, y toca las palmas, que hoy también me he traído un par de arranques flamenquitos que, quieras que no, animan.

Y entre cariños, miradas y palmas, también me he traído el miedo que siempre me traigo, ese corazón encogido que se me queda siempre que salgo por esa puerta.

Porque, si por algo me duele vivir fuera de casa, es por tenerla a más de mil kilómetros de distancia. A ella y a todos. Porque, si lo importante de la vida son las personas… Si las tenemos lejos, ¿de qué sirve?

Lo único que me consuela es que si ella misma leyese todo esto, me daría una “guantaíta” en la mano y me soltaría un“¡Anda ya chiquilla! ¡Tú a trabajar y a lo que haga falta!”. Y como los “anda ya” y los “no pasa nada” de #MiPersonaFavorita, van a misa, yo el día 7 cogeré mi maleta y me volveré a Barcelona sabiendo que, de todas todas, es lo que tengo que hacer.

Es que no la conocéis (habrá tiempo…), pero es que #MiPersonaFavorita tiene motivos de sobra para serlo. Y, creedme, si en algún momento llegáseis a conocerla a fondo, automáticamente se convertiría en #VuestraPersonaFavorita.

Entre tanto, seguiré disfrutando, disfrutándola y disfrutándoles. Porque al fin y al cabo, ¡es na-VIDA-d!

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La Generosidad de 2PLEGA2 – Blogmas 3

“Menos mal que ibas a escribir cada dos o tres días…”. Basta proponérselo, para que surjan otras cosas. En realidad, no tantas, pero las suficientes como para no tener la suficiente concentración para escribir algo que no termine pareciéndose a una lavadora en pleno centrifugado.

“¿En serio no te da tiempo?”. A ver, tiempo hay, pero no como para escribir como a mí me gusta. Me gusta pensar, saber por qué llego a una idea o a otra… Conocerme. Y eso se traduce en tiempo. Tiempo que disfruto. Y si no es así, no sirve de nada.

En Navidad es cuando solemos acordarnos de ayudar…

Uno de los motivos por los que no ha habido post, es que esta semana hemos tenido una visita muy chula, que bien ha merecido la pena cambiar por no escribir en ese momento, ya que va a revertir en escribir mucho más y sobre un tema mucho más interesante… Y, ¿por qué no? Con un trasfondo muy navideño.

Porque se supone que la Navidad va de eso, de compartir, de solidaridad, de generosidad… En el caso de nuestros invitados, eso no es sólo cosa de la Navidad, sino que, lo han hecho su forma de vida a día de hoy.

Visitas especiales: ¡2PLEGA2 en Barcelona!

Hemos recibido la visita de Juan, Eva y Perri, los chicos y el perrito que dan vida a 2plega2.

Antes de seguir, he de decir que nos hemos quedado con muchas ganas de conocer a Pedro (aunque mis horas de sueño lo han agradecido, ya que es de esas personas a las que me habría quedado escuchando horas y horas…). ¡Ojalá haya otra oportunidad!

¿Les conoces? Si no es así, tienes que quedarte, porque esto es importante (¿sabes de ese dicho de que “hay que diferenciar lo urgente de lo importante”? Pues esto es importante).

Todo empezó el año pasado, cuando a Juan se le ocurrió la feliz idea de pedalear en bicicleta PLEGABLE desde Jerez hasta Roma (nada menos que 3.000 km), para dar visibilidad a una enfermedad que pocos conocen y que, a día de hoy, no tiene cura: la Fibrosis Quística.

Pero no se quiso quedar ahí, todo lo contrario. De esa experiencia surgió la idea de crear la Asociación “2plega2”, dando vida a un nuevo proyecto, “Para que ellos vivan”: Más de 6.000 km pedaleando por todas las comunidades autónomas de España, subiendo las etapas de montaña de la vuelta ciclista en su bicicleta PLEGABLE y aprovechando las paradas para dar charlas en colegios y conocer a personas que sufren la enfermedad, para dar a conocer sus experiencias.

“Para Que Ellos Vivan

Y no hay más motivos. Este proyecto nace del altruismo más absoluto, pura generosidad y solidaridad con los que no tienen la suerte de, simplemente, tener salud.

“¡Bua, qué guay! Cuatro meses en bicicleta, recorriendo España, dando charlas a niños y niñas, conociendo a gente interesante…”. No te engañes, suena mucho mejor de lo que es (por mucho que, a pesar de todo, ellos lo disfruten).

Lo primero, ya he hecho hincapié, pero lo hago de nuevo: bicicleta, sí, pero PLEGABLE. Todos hemos visto (entre sueño y sueño) alguna etapa de la Vuelta Ciclista, con esas superbicis, ese Angliru… Pues imagínate con una plegable. O no te lo imagines, mira:

Además, el proyecto es solidaridad pura, por lo que olvídate de cosas “innecesarias”: nada de hoteles, camas, comida caliente… o, incluso, luz o techo.

2plega2 va recorriendo los pueblos de España “con lo puesto”: su camping gas, sus sacos de dormir, sus toallas de Decathlon… y para de contar.

Por eso, Juan y Eva celebran cada detalle: Que un pueblo les ceda un lugar con techo para dormir, es de agradecer, pero si además te dejan un par de bolsas con agua, pasta o colacao, ya es el “no va más” (por no mencionar cuando, de repente, se han presentado por delante unas hamburguesas o, incluso, un buen chuletón). Es el valor de las pequeñas cosas.

Experiencias Vitales

Escuchar los testimonios que ya han conocido Eva y Juan te deja con la boca abierta, pero escucharlos de los propios afectados en primera persona, es como un guantazo sin manos.

Una conclusión, la típica, pero es la que es: No somos conscientes de la suerte que tenemos.

Este fin de semana hemos tenido la oportunidad de conocer las dos caras de la enfermedad: Xavi, recién trasplantado, pura inspiración, y Deborah, aún a la espera y recibiendo tratamientos que yo no puedo recordar, pero que ella te cuenta como si fuera una eminencia de la medicina…

Con ellos hemos aprendido lo que es convivir con una enfermedad que te limita: cómo es trabajar con ella, ir de viaje, hacer ejercicio, vida social… Esos detalles del día a día a los que no damos importancia, pero vaya si la tienen…

Son ejemplo de superación, cada uno en su fase, luchando contra miedos y con más ganas de vivir y de disfrutar la vida que muchos de los que (por suerte y toquemos madera) tenemos salud.   

Regalitos de Navidad

Puede que suene a tristeza, pena, incluso a demagogia o a oportunismo (si así lo quieres entender…), pero Juan y Eva, sin querer, me han hecho un súper regalo de Navidad: un máster sobre la vida en un fin de semana.

¡Bueno! ¡Y otro regalo! ¿Creéis en el Karma? ¿O en el Universo? Yo ya después de este fin de semana, creo del todo. Mi novio marido y yo teníamos pensado ir a ver unos monólogos pero, mira tú por dónde, se nos fue la fecha… ¿Qué probabilidades había que uno de los protagonistas tuviera que hacer una colaboración con 2plega2 y que justamente estuviesen el domingo en un pueblo de al lado de Barcelona? Pocas… Pues allá que fuimos, amablemente invitados por los protagonistas. No sé si es Karma, casualidad o suerte, pero allí terminamos, llorando de la risa viendo “El Derby”, de Tony Rodríguez y Luis Lara.

A lo mejor es verdad eso de que, cuando haces algo bueno, “algo” te lo devuelve.

Por todo eso, y porque van a pasar las Navidades dando vueltas por España con su proyecto, en lugar de estar con sus familias (y, por mucha motivación que se tenga, eso siempre “pica”…), me encantaría que todos los que hayáis sido capaces de leer este pedazo de tocho os paséis por alguna de sus RRSS y descubráis el proyecto y, sobre todo, que conozcáis los detalles de esta enfermedad de la que apenas se escucha y que, por desgracia, no tiene cura a día de hoy.

REDES SOCIALES DE 2PLEGA2

Web Oficial
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Ese puede ser nuestro regalo de Navidad para ellos, ¡seguro que Juan, Eva y Perri agradecen vuestros ánimos!

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Navidad “Intensita” – Blogmas 2

Hoy es uno de esos días en los que me cuesta escribir algo coherente (y veremos si decente…). Últimamente mi cabeza es algo así como una feria (o mejor, una Zambomba, que es más propia de estas fechas…) en la que beben y bailan ideas, pensamientos, propósitos, deseos… Y, claro, es complicado pensar…. y ya no te digo ponerlo todo en pie (pues eso, ¡igualito que después de un día de feria!).

No deja de ser curioso, porque puedo ser perfectamente capaz de concentrarme para trabajar, sin embargo, me cuesta la vida centrarme en cualquier cosa que tenga que ver con mi tiempo libre.

Por ejemplo, si hago deporte, pienso en salir; si salgo, pienso en descansar; si descanso, pienso en escribir. Y así con todo. ¿Conoces el tan de moda “mindfulness“? Eso de la “atención consciente“… Pues, en mi caso, ni atención, ni consciencia. Confirmamos: Mi cabeza es una lavadora.

Fuente: lamenteesmaravillosa.com

Y alguno se preguntará, 
¿qué leches tiene que ver esto con la Navidad? 
¡Pues todo!

Al menos para mi, diciembre, esos últimos días del año, significa que llega el momento de hacer balance y, sobre todo, de pensar en nuevos propósitos, retos y, en mi caso, algún que otro sueño

Aunque soy una fiel defensora de que los años empiezan en septiembre, a pesar de lo absurdo que pueda parecer, también siento que terminan en diciembre. Podríamos decir que, en cierto modo, mis años duran 15 meses. Así que, haciendo cuentas, en realidad tengo unos 25 años, ¡já!

En estos últimos días he confirmado lo que llevaba años sospechando: soy una inconformista. Eso sí, en el buen sentido. Siempre que consigo algo que me propongo, mi cabeza rápidamente (y casi sin consciencia propia, como todo…) se pone a maquinar nuevas ideas y retos. Y si eso pasa un día cualquiera, ahora que tiene la “excusa” del fin de año, imagínate…

Y no sólo eso, además, están a puntito de llegar (¡por fiiiin!) esas comidas y cenas navideñas, esos reencuentros con la familia y los amigos a los que, en muchos de los casos, sólo vemos de Navidad en Navidad. Bueno, agradeciendo las bodas que se celebran entre medias, las cuales son oportunamente aprovechadas para unos achuchones y una puesta al día rápida, casi a contrarreloj, antes de que llegue la barra libre y el bailoteo, momento sagrado en un bodorrio (eso es así, no me lo he inventado yo, podríamos decir que es casi por educación… ¡y más si es la boda de un amigo!).

Esas citas navideñas se convierten en toda una hazaña (y no hablo de ponerse de acuerdo en la fecha, que bien merece un post exclusivo…): Apenas unas horas de reunión en las que todos tenemos que ponernos al día después de un año de vida, personal y profesional, dejando huecos para hacer bromas, reír y, ya si eso, comer. De ahí salen esquemas mentales que ríete tú de las épocas de exámenes… 

Fuente: huffingtonpost.es

Aunque no siempre, uno de los mejores sitios que tengo para poner las ideas en orden es la terraza de #MiPersonaFavorita, cuando nos da el solecito en la espalda. Aunque ella la mayoría de las veces no me hace ni puñ****o caso, le cuento todo igual, y a veces no viene nada mal. Siempre ha sido la mejor confidente y, la que tuvo, retuvo. 

Todo esto me pasa por “intensita“. No sé si esto le pasa a más gente o si soy yo la única… Hombre, la única no creo, pero una de las más intensas, seguro. Es genial ser “intensita“, todo se vive así, intensamente, ¡pero todo! A veces es agotador, pero una es como es… Lo mejor es que podría dar aquí una lista de otr@s intensit@s estupend@s… ¡Tranquilidad! Top Secret (¡pero sabéis que lo sois!).  

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Luz | Blogmas 1

¡Arranca mi Navidad! Bueno, no sólo la mía, la de mi novio marido también (puedo llegar a ser muy cansina…). Si te quieres unir, eres más que bienvenid@. 

Y, ¿con qué empieza la Navidad? ¡Con luces por todas partes! Luces de colores en las calles, en los escaparates de las tiendas, en las ventanas de las casas, en los árboles… y, este año, también en nuestros ojos.

¡Que no falte la luz!

Aunque suena exactamente a eso, no es ninguna ñoñería. Nosotros ya hemos montado el árbol de navidad, después de muchos años deseando poder hacerlo juntos. Hemos puesto ese ambientador de gingerbread de Zara Home que taaaanto deseaba cada año, pero al que siempre terminaba encontrando una excusa para no comprarlo… Hemos montado el Belén, de Playmobil, por supuesto (los que estuvieron en la boda sabrán que no podía ser de otra manera…).

Además, me encanta la “NaviLuz: dar un paseíto para ver la decoración, las luces, los mercadillos navideños… Y, sobre todo, fijarme en las ventanas por las que se intuyen los árboles iluminados o los balcones con miles de luces de colores (algunos decorados con mucha ilusión, pero con discutible gusto, una cosa no quita la otra…).

Sin duda, esto último es lo que más me gusta. Me saca una sonrisilla… Lo sé, las películas navideñas han hecho mucho daño, pero me encanta imaginar la ilusión con la que se habrán puesto esas luces y árboles. Me da buen rollo, y eso, hoy en día, no está para nada de más.

En definitiva, no es la primera Navidad juntos, pero sí la primera Navidad juntos de verdad. En nuestra casa, primera Navidad de casados y, encima, sabiendo que vamos a poder compartirla con nuestra familia y amig@s en Cádiz.

Porque sí, #MiPersonaFavorita, voy para allá y te vas a tener que tragar todas las fotos de la boda… ¡Vete preparando!

Ahora dime, ¿hay o no hay luz en nuestros ojos?
¡Casi más que en el árbol!

Pero esa luz no está todos los años, esa luz viene y va.

Porque no siempre he sido un “Elfo loco de la Navidad“, que hace galletas de jengibre (sin ensuciar la cocina) y canta villancicos, aunque sí es cierto que siempre lo he intentado. Hay veces que las circunstancias no se prestan y el espíritu navideño no sale, pero he comprobado que merece la pena intentarlo. 

Porque, no nos damos cuenta pero, igual que todo puede ser mejor, también puede ser peor… Y, por suerte, casi siempre tendremos algún motivo que nos ayude a dar un poquito más de luz a estos días.

Que nos deslumbre un poquito la Navidad con ese toque de “irrealidad” y nos saque de esos bucles chungos en los que a veces nos metemos sin querer (o, a veces, queriendo).

Entonces, dime, ¿vas a poner el árbol? ¿Lo has puesto ya? Ya sabes, que no falten las lucecitas… ¡en los ojos digo!

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Navidades con #MiPersonaFavorita – Blogmas (con B)

Para vosotros, ¿cuándo empieza la Navidad? ¿El 1 de diciembre? ¿En el Puente de la Inmaculada? ¿Con el Gordo? ¿En Nochebuena? ¿Pasáis de la Navidad? 

En realidad, no me refiero a la Navidad como tal, sino al Espíritu Navideño. Para mi, de toda la vida, empieza en el Puente de la Inmaculada

Sin embargo, para mucha gente empieza el 1 de diciembre, con el Adviento (y, por supuesto, con sus calendarios de chocolate, ¡que no falten!), con las luces de las calles… y con los Vlogmas

¿Qué leches son los Vlogmas? Pues una moda como otra cualquiera. Ahora empieza la época en la que las Bloggers, YouTubers y Cía nos enseñan su nada desdeñable Espíritu Navideño por todas las redes sociales, que ríete tú de las películas navideñas de Antena3… (a las cuales estoy enganchada, pero eso es otra historia…)

Pero oye, no seré yo quien las critique. Este año, soy de ese pequeño (o gran) porcentaje que se deja contagiar por el buen rollo. Y digo este año, porque entiendo perfectamente a todo aquél que diga que no tiene ni puñetera gana de Navidad, por lo que sea, porque yo también lo he vivido. Precisamente por eso, hay que aprovechar cuando se puede y dejarse llevar. 

Y por eso hoy escribo estas líneas: voy a hacer mis propios Blogmas. Sí, con B

Pero yo no voy a hacerlos del 1 al 24, como manda el Adviento (y las YouTubers). Yo los haré del 6 al 6, o lo que es lo mismo, desde el Puente, hasta Reyes. Y no voy a hacerlos todos los días, si no cada dos. Y no, no serán vídeos, sino posts escritos (toma hándicap…). Pues sí, efectivamente, voy a hacer lo que me da la gana…

Cada día descubriremos un sentimiento, algo propio de la Navidad… Esas cositas especiales a las que parece que prestamos más atención en estos días.

Probablemente no tenga por qué interesarle a nadie. Pero me hace cierta ilusión. Con eso basta. Bueno, con eso y por dedicárselo a #MiPersonaFavorita porque ella, sin querer, tuvo mucho que ver en esa pérdida de ilusión y, seguro que queriendo, me ayuda a recuperarla (no sólo para Navidad, sino para toda la vida). 

¿Te animas a descubrirlos conmigo? 
¿Me acompañas en esta Navidad?

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Me persigue la igualdad… ¿o no?

Voy a confesarlo. En un momento de mi vida fui muy fan de Operación Triunfo. Pero MUY FAN. Fan de póster (mi madre dirá que demasiados…), de colas interminables (y divertidísimas) en los conciertos y firmas de discos… Hasta el punto de hacerme un esguince de tobillo al ponerme a correr tras la apertura de puertas de un concierto de David Bisbal en Chipiona. Os lo he dicho: FAN, FAN.

Oye, y que no me avergüenzo. Corría el año 2001 y tenía 14 años (que una está orgullosa, pero el contexto es importante… todo hay que decirlo). Una adolescencia estupenda, feliz y, por supuesto, con su gran pavo encima. ¡Como está mandado! Ya habría tiempo de crecer y hacerse la adulta.

Ea, pues ya os he abierto mi corazón simplemente para decir que, sí, FUI FAN DE OT… pero ya pasó. 

No sé si es la edad, o que no cantan , o yo qué sé… pero no. Y no me importaría porque, en el fondo, entretiene. Y quizás por eso, anoche, lo pusimos un rato. Ni media hora, lo justo para ver una escena a la que llevo dándole vueltas todo el día…

Hasta aquí todo “normal”… Besuqueos, magreos varios, apretones en el culo… Bueno. Lo chungo vino después…

– ¿Qué has echado más de menos de ella, Pablo?

– Su culo.

Bueno, soportable… Lo mismo era una gracia (sin mucha gracia). No sé, lo mismo yo soy muy exagerada o muy antigua, pero si después de dos meses sin verme, en la tele, en un programa de música, delante de no sé cuántos millones de personas, mi novio me dice eso… UFFF. ¡Pero es que el tío no se quedó ahí!

– ¿Qué es lo primero que vais a hacer al salir de aquí? 

– ¿Quieres que te lo diga? Follar. ¡FOLLAAAR! 

Y ahí es cuando me tuve que tapar con la manta para morir de asco vergüenza ajena (hay testigo).

“La Revolución Feminista de OT”

Este titular (y similares) han salido durante el tiempo que lleva el programa emitiéndose, por varios motivos. De hecho, esta chica es poco menos que una de las abanderadas.

  • Quisieron cambiar la palabra “mariconez” por “gilipollez”, para que no resultase homófobo.
  • Se esfuerzan por tener un lenguaje inclusivo (hasta el punto de hacerse unos líos tremendos).

Y todo esto está genial. Es estupendo que las nuevas generaciones traigan el concepto de igualdad interiorizado de serie.

[¡Ojo!: No voy a entrar en el concepto de qué es el feminismo, que si es igualitario o no, etc, cada uno sabrá, al fin y al cabo yo sólo soy una ex-fan loca de OT… ]

Pero, en realidad, esto no es lo importante…

“Hechos son amores…”

“… y no buenas razones”. Anoche, nada más ver la escenita, tiré de Twitter, a ver qué opinaba el personal… Buscar: “OTGala10”, “novio de María”. Obviamente, opiniones para todos los gustos, pero necesitaba saber que yo no era la única que sentía vergüenza ajena. Y, para mi suerte, no lo era.

Será que últimamente este tema de la igualdad lo tengo a flor de piel y que me viene a la cabeza varias veces al día, por unas cosas o por otras:

  • Empiezan a florecer los primeros embarazos de amigas, con su correspondiente tetris personal y, sobre todo, laboral.
  • Chicas del gimnasio con camisetas de carreras contra la violencia de género.
  • Yo, sorprendiéndome a mi misma comprándome una camiseta con el lema “girls do it better”.

Entre otros, que no vienen al caso.

Sé que son tonterías, pero el caso es que veo muchos símbolos de igualdad que me rodean, pero pocos hechos.

Volviendo al ejemplo de OT (que no deja de ser un ejemplo…). Esa chica, María, abanderada del feminismo o de la igualdad (no deja de ser lo mismo), comparte su vida con un chico que, al menos durante los tres minutos de televisión de anoche, la trató como un auténtico objeto. Y esto es indiscutible. Yo no digo que el chico en su casa sea un amor y que en la tele quisiera hacerse el gallito, pero la imagen que dio es la que se ve.

Entonces, ¿estamos luchando de verdad por la igualdad? ¿Sólo usamos símbolos? O, lo que es lo mismo, ¿postureamos

De todos modos, seguro que tenéis razón: menos es nada. Los que de verdad tienen que hacer algo importante son otros, nosotros sólo podemos empujar. Lo cual me recuerda que este fin de semana toca votar (ya ves tú…).

Hoy #MiPersonaFavorita me va a perdonar por no haberla nombrado en todo el post (se siente, la última vez que fui a verte te pegaste todo el rato dormida, ¡hala, castigá!) aunque, os digo una cosa, si tod@s tuviésemos los valores que tiene ella, la igualdad sí que sería algo real.

¡SEGUIMOS!

Todo ha cambiado… ¡una y otra vez!

Bueno, en el fondo, es normal: han pasado nada menos que siete meses.

Confieso que nunca he sido demasiado amiga de los cambios pero, poco a poco y a fuerza de vivirlos, creo que me voy acostumbrando. Hablan los números: en menos de un año y medio he pasado por dos ciudades, tres pisos y cuatro trabajos…

Recuerdo perfectamente cómo escribí el último post y del “miedo” que sentía por la incertidumbre de lo que podía (o no) venir. Ese es el problema de las expectativas que, pese a que intenté no tenerlas, ahí estaban, ideando un futuro estupendo que me animase un poco a hacer todo más fácil e ilusionante a la hora de irnos.

Siete meses después, creo que esas expectativas me han ayudado a exigirme más a mi misma, a marcar objetivos y a buscar la forma de lograrlos:

  • Si te imaginas una casa en la que te sientas cómoda, ¿por qué no la vas a tener?
  • Si te imaginas un trabajo que de verdad te motive, ¿por qué no lo vas a conseguir?
  • Si te imaginas una boda perfecta, ¿por qué no va a ser así?

Y, lo más importante:

  • Si te imaginas siendo feliz, aun estando lejos de tu gente y de tu verdadero hogar… ¿qué te va a impedir serlo?

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¿Cambio? ¿Oportunidad? (Fuente: http://www.wrike.com)

La Marta de hace 13 años (y bastantes menos…) hubiera tenido múltiples respuestas para absolutamente todas las preguntas. ¡Toda una crack del pesimismo!

¡Siete meses!

Obviamente, todo es un proceso y no se consigue de un momento a otro. Créeme que las dos primeras semanas no habría podido contar todo esto de esta manera… La ilusión seguía estando, pero la incertidumbre también.

Hasta que, de repente, todo fue encajando y, de cada imprevisto, sacábamos una coña y unas risas.

Siete meses después podemos decir que…

  • Tenemos una casa chulísima, escasita de decoración, sí… pero nuestra. ¿Fácil? No. Hubo que lidiar con técnicos revienta-tuberías, con cucarachas invasoras… y con el Ikea.
  • Tengo un trabajo exigente y nuevo para mi, pero estupendo, en el que tengo la oportunidad de aprender todos los días. ¿Fácil? No. A veces, para saber lo que quieres, tienes que saber primero lo que no quieres. Y para eso hay que pasar por otros trabajos no tan estupendos…
  • Hemos tenido la mejor boda de la historia, de ensueño. ¿Fácil? No. Prueba a preparar una boda a distancia y a ver qué tal…

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Así se ven los sueños…

¡Visualizando!

Lo pienso en frío, pensando en cómo le contaría todo esto a #MiPersonaFavorita, y sé que no podría hacerla más feliz. Qué lástima que vivieses esas lágrimas de hace trece años de camino a Sevilla y no disfrutes la alegría de ahora…

Tengo un novio-marido (aún es pronto para decirle marido, no me sale, ¡¿qué le hago?!) muy pesado y muy empeñado en lo importante que es visualizar las cosas y pensar en positivo. Va a ser que después de casi diez años con él, algo se va pegando…

¡SEGUIMOS!

 

 

 

Despedidas.

Sabía que este momento iba a llegar, pero no sabía que llegaría tan rápido, ni de esta manera.

Como ya adelanté en una de mis entradas anteriores, nos vamos a vivir a Barcelona. Mañana mismo, concretamente.

Cuantísimas cosas se pueden sentir en un día como el de hoy. Bueno, en realidad, lo llevo barruntando ya bastantes días. En otras palabras, todo lo que hago me recuerda que me voy.

Eso, para una intensita como yo, es una tortura mental. Es como si todo estuviera envuelto por un manto nostálgico, triste y alegre a la vez. Ese “no saber en qué momento ha pasado el tiempo”, si parece que fue ayer cuando volví de Madrid.

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Todo el mundo me dice que tengo que estar alegre, ilusionada y emocionada por irme a vivir a un pisito nuevo con mi novio, que lo vamos a amueblar a nuestro gusto y que lo vamos a sentir como si fuera nuestro. Que, además, seguro que tendremos los dos un trabajo genial. En resumen, que es como si mañana mismo empezase nuestra vida de verdad.

Tienen toda la razón porque, aunque llevemos muchos años viviendo juntos, nunca hemos llegado a sentirnos como en casa. Siempre teníamos esa sensación de estar un poco “de prestado”. Y eso, a la larga, cansa.

Sin embargo, a esa alegría, ilusión y emoción se le suman un pellizquito en el estómago y un nudito en la garganta, que hacen que el momento de irnos tenga su puntito de drama.

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Recreación exacta y rigurosa de mi careto antes de subir al coche.

No es nada nuevo. Me ha pasado desde siempre. Es más, cuando era pequeñita y me llevaban a dormir algún día del fin de semana a casa de Mi Persona Favorita, lloraba y pataleaba de tal manera que ríete tú de las lagrimillas que pueda soltar mañana. Igual, cuando me fui a Sevilla para ir a la Universidad (a nada menos que 120 km, con 18 añazos, ¡ojo!) me pasó lo mismo, no era capaz de hablar y no llorar, así que opté por callarme… Hasta que un camarero me pregunto qué quería beber y al contestar solté un “cocacola” acompañado de un quejío saetero bastante lamentable (con su correspondiente llanto, por supuesto).

Pues así siempre, no lo puedo evitar. Eso sí, salvo excepciones, al ratito cambio el chip y se me pasa. Lo difícil es arrancar, vamos, nada importante.

Supongo que es normal y, en parte, inevitable tener esa sensación de que, en el fondo, el irnos tan lejos no deja de ser una decisión “voluntariamente obligada” por nuestra vida profesional. En pleno Siglo XXI es lo que nos toca y sabemos que es para mejor, pero no por ello da menos pena el hecho de tener que estar separada de la familia y los amigos por seguir avanzando profesionalmente.

Por eso, sé que hoy es un día tristón y raro pero que, a partir de mañana, en cuanto cruce el puente, cambiará radicalmente. Bueno, me doy de margen hasta el peaje de Sevilla, por si acaso… Además, con la cantidad de cosas que tenemos que hacer al llegar, más vale que cambie el chip rápido, porque cualquiera hace una mudanza después de llorar, ¡con el dolor de cabeza que da!

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Y además, lo único bueno de que pase el tiempo tan rápido es que, igual que ha llegado el momento de irnos casi sin darnos cuenta, de la misma manera llegará el momento de volver.

¡SEGUIMOS!